No nos olvidemos, satisfacerle es nuestro objetivo número uno si queremos rentabilizar nuestro negocio. Hemos ambientado y situado nuestro local para dirigirlo a un tipo de público, el cual acude. Si queda satisfecho, siempre será más probable poder recibirle de nuevo.

La carta de vinos, en definitiva, esa relación de parte de los productos que el local vende, debe ir dirigida a ese público que nos visita, convirtiéndose en una herramienta de ayuda a las ventas importante. Si el cliente entiende esa carta y recibe una correcta información de los productos que se le ofrecen, y además éstos están correctamente presentados en función de sus gustos, la venta se verá facilitada. El consumidor llegará a disfrutar de un vino no sólo al consumirlo, sino también desde el momento de elegirlo en la carta. 

Aunque el tipo de público suele ser heterogéneo, siempre podemos establecer unos mínimos patrones que nos ayuden a dirigir la carta de vinos a su medida. Podríamos enumerar:

- Nivel económico o actividad. Sería rápido pensar que a mayor nivel, estableceríamos una carta de vinos de más precio. Esto no debe ser así únicamente. Una carta debe tener un abanico suficiente de precios siempre, y si el tipo de público es más pudiente, el abanico incluirá vinos de alto valor y evitará los de bajo precio, y si los clientes son más modestos en poder adquisitivo, (como los que van buscando menús económicos), la carta tendrá un abanico que incluirá vinos de bajo precio, siempre sin descuidar unos principios mínimos de calidad, evitando quizás tener referencias entre los vinos más caros. Eso sí, en ambos casos el abanico de precios insisto debe ser suficiente y en lo posible con márgenes por botella correctos. Por supuesto que las comidas de negocios rentabilizan más la carta de vinos que cualquier otra; si nuestro local recibe ese tipo de clientes, la carta de vinos debería `engancharlos´ de alguna manera. 

- Origen. El lugar de origen de cada persona determina los gustos y preferencias en su elección. Si en la carta de vinos encuentra lo que espera, un vino de su región de procedencia, su aceptación se verá incrementada. Esto puede ser representativo en algunos casos, como bares y restaurantes en zonas residenciales donde existe población nacida en otras regiones, o restaurantes de carretera de grandes rutas cuyos clientes pudieran encontrar vinos de su zona de procedencia, o clientes extranjeros que apreciarán encontrar alguna referencia bien elegida de su país de origen. 

- Edad. La edad media del consumidor por otra parte también puede determinar tendencias, sobre todo a la hora de explorar novedades. Las personas maduras tienden a referencias y zonas clásicas, mientras que los jóvenes que se inician suelen probar cosas distintas y originales en lo posible, como por ejemplo Denominaciones de Origen emergentes. La edad media de nuestra clientela determinará que importancia se puede dar en una carta a la originalidad frente al clasicismo. El equilibrio entre ambos puede ser una solución en muchos casos.